martes, julio 18, 2006

OTRO MAS

Saludos Daniel.
Un amigo navegando por el Internet encontró tu página cibernética y me la envió por correo electrónico a mi dirección. Lo interesante del caso es que usted y Yo tenemos el mismo nombre y apellido. Mi nombre es Daniel Casado Díaz de Puerto Rico y estoy casi seguro que soy el único en mi país. Lo se por que nuestro apellido es una sola sepa y casi todos no conocemos. Pero es interesante encontrar que alguien se llame igual que yo sobre todo con un apellido tan inusual por lo menos en Puerto Rico. Bueno, a veces mi nombre sirve para romper el hielo y se vuelve tema de conversación. Gracias a Dios que me bendijo con mi nombre.

Leí la información de tu página y me parece que lo que haces es estupendo, te felicito por tus logros. Acá yo pongo también mi granito pero en el deporte y los negocios. Me gustaría saber como puedo adquirir algún CD tuyo para oír tu música.

Hasta luego Tocayo.

Att. Daniel Casado

LOS VERANOS DE LA VILLA: OSCAR D´LEÓN Y SU ORQUESTA

OSCAR DE LEÓN Y SU ORQUESTA
Los Veranos de la Villa - Palacio del Conde Duque (Madrid)
21´00 h.


Nada más llegar a Madrid me invitan a uno de los conciertos de la Villa. Mis acompañantes se niegan a decirme de quien se trata. Suelto la maleta en el hotel, cojo un taxi (¿y van…?) y me planto en el Conde Duque temiendo acudir a un concierto de Isabel Pantoja. Por fortuna no se trata de la tonadillera sino del sonero venezolano Oscar D´León.

Pongamos las cosas en su sitio antes de seguir: servidor no tiene ni pajolera idea de salsa y otros bailes latinos, en la pista estoy más tieso que un palo y mi conocimiento musical de estos ritmos se reduce a Tito Puente, Celia Cruz y Santana. No hay más.

Así pues, en vista de estas carencias me limitaré a dar razón de algunas particularidades del espectáculo: en primer lugar, que se trata de un artista nato respaldado por una soberbia orquesta, eso está claro. El espectáculo es total: incluyendo una pareja de bailarines de esas que le dejan a uno boquiabierto. Y luego está el carisma de Oscar D´León (Venezuela, 1948), un cantante inteligente, también contrabajista, que saborea las mieles del éxito después de un largo silencio discográfico. Muchas cosas me gustaron de su personalidad pero sobre todo destacaré una que vale por todas: en un momento dado se produjo un conato de pelea en la primera fila; en cuanto el músico se percató de ello, la música cesó repentinamente. El cantante se dirigió entonces a los contendientes y les reprochó públicamente su aptitud, provocando los aplausos de un público entregado que agradeció el gesto. Una vez desaparecieron los aludidos, D´León, en medio de un sonoro silencio, aludió a la imagen de la comunidad latina en todo el mundo, “Hermanos, lo que sucede -dijo- es que a veces estamos mal representados. Por ello tenemos que estar atentos, bien despiertos, estudiar, respetar, conocer el mundo. Que viva el amor y la fraternidad entre los pueblos. Que viva la alegría…” Y es que, no en vano, el concierto se basó en un repertorio tan geográfico como musical: en cada canción D´León citaba y jaleaba al correspondiente país latino, provocando la reacción entusiasta de la comunidad pertinente, allí representada: peruanos, colombianos, dominicanos, mexicanos, panameños, venezolanos…

También me llamaron la atención los textos de muchas salsas, merengues, bachatas... todas claramente machistas; aquí siempre es el hombre el que dispone el encuentro y lleva las riendas del baile. De hecho -me explica una de mis acompañantes- en este tipo de bailes una mujer nunca saca a bailar a un hombre, y siempre debe dejarse llevar por él. Cosas de la sangre, supongo.

Por último, señalar que un devoto Antonio Carmona (Ketama) saltó al escenario como un chaval de quince años para rendir pleitesía al maestro. Sin embargo, las tres horas y pico de concierto impidieron que el benjamín de los Habichuela pudiera sumirse sumara al fin de fiesta cantándose algo. Al final, un muy sabor de boca, y toda una experiencia que jamás me hubiese esperado. Una velada distinta.

viernes, julio 14, 2006

UNA LECCIÓN DE RHYTHM & BLUES

UNA LECCIÓN DE RHYTHM & BLUES
ERIC BURDON & THE ANIMALS
Valencia, 13 de julio. HEINNEKEN GREENSPACE.



Resulta extraño acudir a un concierto de blues en taxi, pero –tópicos al margen- vivimos en el siglo XXI y la época de las peregrinaciones queda ya lejos. Si a esto le añadimos que Valencia es una ciudad desconocida para mí, que además acudo solo y que mañana a las nueve hay que estar en pie, es preferible reservar las energías y las emociones para el concierto que machacarse a pie las secas márgenes del Turia.

Hacía años que no tenía noticias del bueno de Eric Burdon, pero su sola mención debería hacer hervir la sangre de cualquier fanático del buen rhytm & blues, pese a que en las dos últimas décadas el líder de The Animals se haya prodigado poco por los escenarios. Estamos hablando de una de las grandes voces blancas del blues, una garganta privilegiada que ha acuñado algunos de los himnos más emblemáticos de la historia del rock. El bocata y la carrera estaban, pues, justificados.

Situado en una antigua lonja del puerto, el Heinneken Greenspace es una nave industrial reconvertida en sala de conciertos de mediano aforo. Poco a poco, fue llenándose de fieles hasta reunir a quinientas almas dispuestas a sudar la camiseta. Con quince minutos de retraso, los jovencísimos músicos de esta extraña encarnación de The Animals (realmente no hay un solo miembro original, y tres de ellos no habían nacido cuando Burdon regentaba la casa del sol naciente) tomaron el escenario para urdir una sólida base de funk a la espera de que el jefe apareciera. Cuando lo hizo, ataviado con una camisa playera que habría dudado en ponerse Brian Wilson y gafas de sol a lo chico-martini, la parroquia lo acogió con un sonoro aplauso. Empezaban a sonar los acordes de la inmortal Don´t Let Be Be Misunderstood, y la voz de Burdon aún no estaba a punto, lo que hacía prever que el paso de los años se había cobrado su inevitable factura. Nada más lejos de la realidad. A medida que el concierto avanzaba, intercalando clásicos del calibre de I´m Crying, Bring In On To Me, See See Rider o la fantástica We Gotta Get Out Of This Place, con temas de su último y recomendable trabajo Soul of a Man (2006), la poderosa voz de Burdon iba cobrando fuerza y sentimiento. A su lado, cuatro músicos bien compenetrados: Wally Ingram (bateria), Eric McFadden (excelente con la slide), Red Young (teclados) y Paula O´Rourke (bajo). Todos, con la excepción de la escultural bajista (que parecía perdida en otro planeta) estuvieron sobresalientes, pero en algún momento llegué a echar en falta un poco de pasión en las líneas de bajo, que en otras manos hubieran reforzado una sólida base de blues. Que nadie me malinterprete: la chica cumple su papel, pero no tiene ninguna imaginación y al final Wally Ingram, el batería, tenía que llenar con sus tambores vacíos inexplicables para cualquier músico de blues.

Aliñado con un sonido perfecto, tras solventar algún problema inicial en el teclado del veterano Red Young (acompaña a Burdon desde 1982, pero tampoco fue un Animals), el concierto discurrió entre perlas incuestionables, maravillosamente puestas al día sin perder su toque original, y las composiciones, algo más previsibles, de los últimos trabajos de Burdon. Pero nada de eso importa cuando en frente tienes a una de las voces más carismáticas del rock, un animal escénico de la misma madera que Van Morrison, John Lee Hocker o, el en otro tiempo grande, Joe er.

Personalmente, eché en falta temas de su época posterior a The Animals, con su proyecto WAR, como la personalísima versión del Paint it Black stoniano, Tabbaco Road o la bellísima versión de It´s All Over Now, Baby Blue (con permiso del león de Belfast) de Dylan. No cayeron finalmente, pero su ausencia fue compensada con una portentosa interpretación del himno por excelencia de Burdon, allá por 1964: The House Of the Rising Sun, adaptación de un tema folk americano que aún hoy estremece en su versión original. Nada que objetar: Burdon sigue siendo grande sobre un escenario, le acompañe la formación que le acompañe. Su voz sigue siendo un tesoro de matices, melancolía y rabia, riesgo y oficio a partes iguales. Pero, a diferencia de otras leyendas, a Burdon no le aqueja el más mínimo histrionismo. Sobre el escenario se muestra humilde, cercano, dejándose fotografiar por quienes en la primera fila tuvimos la fortuna de hacerlo y, lo que es más importante, dejando tocar a su banda, otorgando el peso del sonido al joven McFadenn, que brilló con luz propia. Una lección, pues, de veteranía y genio, cualidades que no siempre van unidas y que desde hace un par de décadas se echa escandalosamente en falta en la mayoría de nuevos jóvenes talentos surgidos de espaldas a los grandes nombres del rock.

Por muchos años, Eric.


Daniel Casado
Valencia, 14 de julio de 2006.

miércoles, julio 12, 2006

OLVIDADOS, OLVIDADORES Y OLVIDADIZOS. Nuevo artículo de Manuel Cañada.

A su lucidez habitual, hay que añadir un fino olfato para decir la palabra justa, sin alzar nunca la voz, aún en los momentos de mayor confusión, indulgencia o flacidez de planteamientos de nuestra mediocre clase política. Así es Manolo Cañada. Desde su sonoro silencio, desde la rotunda claridad que otorga la experiencia, una consciencia verdaderamente libre y universal, que piensa y actúa desde sí por y para todos, anteponiendo -lo hemos visto tantas veces- el interés general al beneficio particular. (¿Cuántos hacen lo mismo?) Por eso, desde esa altura moral que obstenta y que decora además con una humildad a prueba de tentaciones, yo me declaro compañero, hermano, seguidor, cofrade, acólito, fan o lo que sea, de Manolo. Irrenuenciablemente.

Aquí, en la lejana Barcelona, recibo esta mañana un nuevo artículo suyo. No tiene desperdicio, como siempre. Manolo es, además, un ávido lector que no acata géneros ni estilos literarios a la hora de complementar -y contrastar- sus ideas con las de los grandes poetas y filósofos de la Historia. Durante años, me emocionaba verle por televisión tomar la palabra en la Asamblea y citar de repente versos de Antonio Gamoneda, Jose Ángel Valente o Antonio Machado. Una vez más, Manolo se sirve de la Poesía para interpretar la realidad cotidiana, la dura realidad que trata de ensombrecer la memoria y con ella, la necesaria y verdadera paz.

A quien leyere:



OLVIDADOS, OLVIDADORES Y OLVIDADIZOS


“En griego, lo que se opone a la verdad es el olvido. Verdad se dice alezeia y olvido leze. Nuestra democracia está edificada sobre una mentira: sobre un pacto de olvido”
Jesús Ibá


En las tapias del cementerio de Mérida se aferra con alevosía el olvido. El olvido es la grama del poder, la planta trepadora del odio, la amnesia de los viles.

El olvido es dúctil y sinuoso. Tan pronto se sienta en los sillones municipales, como se pone la toga o se disfraza de periodista y va recitando su veterana letanía: “Son cosas del pasado”, “Mejor no remover los muertos”, “Hijo, no te signifiques”. Es el experimentado miedo vestido de responsabilidad, la doblez exhibiendo sus mejores galas en forma de sentido común, la prolongación del vano ayer del franquismo narrada como “modélica transición”.

Los olvidadores se afanan en borrar o difuminar el rastro del crimen. El 8 de junio se hallaron los restos humanos y de bala que confirmaban lo que todo el mundo sabe: Mérida fue como Badajoz o Castuera otro de los núcleos del exterminio. Pero la obra del Jardín Botánico, en un alarde de provocación e indecencia, continúa, presumiblemente encima de los cuerpos represaliados, y la investigación no ha avanzado ni un solo milímetro.

¿Cómo es posible que cualquier ruina arqueológica romana en Mérida goce de una exquisita protección y diligencia administrativas mientras que los cadáveres de personas asesinadas hace menos de 70 años son tratados como despojos insignificantes? ¿Cómo se explica que estos desaparecidos no cuenten en nuestro país con ningún insigne-juez-adalid-de-los-derechos-humanos al contrario que sus hermanos de infortunio de América Latina?

Son muchos años de sistemática ocultación, de magistratura de los olvidadores y de complicidad de los olvidadizos. Son muchos años asfixiando la memoria o corrompiéndola en “Cuéntames” y ficciones de consenso. Son muchos años de franquismo sociológico, molecular, cernido. Muchos años de claudicación también, de cambiar dignidad por votos, de memoria histórica de quita y pon, intermitente, de temporada.

“Tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”. Walter Benjamin, ya en los años treinta, advertía sobre el peligro que acecha a la memoria de los vencidos y sobre la necesidad en toda época de “arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla”.

Ahora se pretende sepultar de nuevo a los fusilados del cementerio de Mérida bajo las obras del Jardín Botánico, matarlos de cemento y olvido otra vez más. Pero ni todas las rosas, azucenas, lirios, hortensias o magnolias del mundo pueden ya evitar el olor simple y brutal de la sangre. No hay pinos, robles, olmos, hayas y sauces suficientes para ensombrecer la verdad del crimen. Y los paseos de los amantes en busca de caricias furtivas tropezarán con la silueta de aquellos otros “paseos” de muerte, compuestos de gritos, de bajeza, de súplicas y desafíos heroicos.

“Cuando se ha visto la sangre,/ en la soledad no hay río/ del olvido” escribía Alberti años después de la ignominia, mirando aquel país donde se podía “navegar en sangre”. Y Benedetti, que compartió años después con Alberti la condición de desterrado, le contestaba esperanzado: “Es cierto/ rafael/ no hay un río/ del olvido/ hay mar de la memoria”.

Hay un mar de la memoria imposible de achicar. Un mar de ferroviarios, de campesinos, de artesanos, de jornaleros afirmando el tiempo de la dignidad, el tiempo de la revolución. El tiempo en el que temblaron los generales, la tierra volvió a ser de todos, intentó la razón zafarse de las supersticiones, los poetas se fundieron con las gentes y los hombres se llamaron, sin miedo y sin vergüenza, compañeros.

Es justamente todo ese deseo de humanidad que representó la República lo que se ha mantenido y se mantiene arrumbado en fosas comunes como las de Mérida. Franco murió en la cama y los franquistas pudieron reconvertirse plácidamente. Escritores como Isaac Rosa o Rafael Chirbes han tenido la valentía de adentrarse en esas zonas vedadas por un espeso silencio de complicidades que afecta a nuestro pasado reciente.

Reivindicar la memoria de los represaliados del franquismo debe ser mucho más que una simple exigencia de “sepultura digna” o de confortación de sentimientos familiares. Benjamin fijaba precisamente en la redención histórica de los de abajo la posibilidad de liberación presente. “Articular históricamente lo pasado significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en un instante de peligro”.

La memoria de las víctimas del franquismo es la afirmación de la esperanza presente, de la utopía de nuestros días. Otra sociedad culta, solidaria, igualitaria, sin reyes ni amos, es posible.



MANUEL CAÑADA PORRAS

miércoles, julio 05, 2006

DERIVAS · Diario En Ruta

DERIVAS · Diario en Ruta

Cáceres • Salamanca • Valladolid • León • Santiago de Compostela • Gijón • Santander • Bilbao • Zaragoza • Barcelona • Valencia • Madrid • Córdoba • Sevilla • Mérida • Badajoz

NOTA EN EL MUEBLE BAR

Cuando la vida avanza más deprisa que la escritura... cuando apenas queda tiempo para que la palabra respire entre tantas emociones... cuando el sucio borrador no describe con la lealtad acostumbrada lo que acontece: apurar la vida, único ejercicio posible para los que, crueles y malditos, buscamos obstinadamente la belleza como si en cada cosa residiera.

SALUD, AMIGOS

daniel

domingo, junio 18, 2006

Abismo

Las palabras son espinas cuando se rompen.
Las rompen se cuando palabras espinas son.
Rompen son las cuando espinas palabras se.
Cuando son rompen palabras se las espinas.
Palabras son las rompen espinas cuando se.
Espinas las se cuando palabras son rompen.
Se las espinas palabras son rompen cuando.
Son las cuando rompen palabras se espinas.
Cuando espinas las son palabras rompen se.
Espinas las cuando son rompen se palabras.
Cuando son espinas las palabras se rompen.

Inmersión

Ésta es de esas noches que sólo cobran sentido escuchando a Nick Cave y leyendo algún turbio poema de Gabriel Ferrater. El mutilado, por ejemplo. En lugar de eso, has salido a respirar el aire denso y caliente con olor a grasas que desprende la ciudad. Has caminado hasta el río, esquivando la alargada, amarillenta luz de las últimas farolas. También en el agua, el último reflejo se apagó. Ahora es el alto silencio. Murmullo de peces en la espuma atroz. Todo es símbolo y ofrenda. Destino.

De repente has equivocado el camino. El pié se hunde, torpe y somnoliento. Se abren las aguas. El cuerpo asciende a lo hondo. Sin resistencia. La súbita inmersión. El aire. Movimiento de branquias. Lo oscuro, el fondo.

Ácida brilla la luna sobre las aguas.

Inteligencia, aunque sea a hostias

Según las estadísticas (el tetris de siglo XXI) lo españoles no confiamos en nuestros políticos, a los que otorgamos un clamoroso suspenso. El espectáculo vivido en los últimos días pone de relieve que la situación no está para tirar cohetes. Tampoco para poner bombas, que ya es un avance, digo yo... Lo que me resulta incomprensible es que siendo la clase política, por lo general, una cuadrilla de aficionados tercamente alineados en los distintos bandos de la sinrazón (socialismo, fascismo, comunismo, nacionalismo, falditismo, etc, etc...) el grueso de los votantes siga ciega, militarmente el comportamiento marcado por sus dirigentes.
No puedo entenderlo. Soy, lo confieso, un español sin ganas, como Cernuda. Por eso mismo sigo la actualidad política: así no hay manera de caer en la estupidez ni en el bostezo. Sin embargo, al igual que el poema de José Emilio Pacheco, daría la vida por ciertas cosas: ríos, montañas, la obra de Juan Ramón, la de Cernuda, la voz de Camarón, las Señoritas de Avignon, las gargantas de La Vera y una o dos películas de Buñuel.

Por otra parte, al haber nacido en 1975, tres años antes de que la Constitución echara a andar, no puedo considerarme, en rigor, un demócrata: ésta me ha sido impuesta sin alternativa. No dudo que lo anterior fuera aún peor. Pero tiendo a sospechar de lo único. Es un tara de nacimiento, supongo. Además, de los fallos del estado de derecho (también llamado, en privado, juego democrático) ya comienzo a tener cierta idea: sufro una extraña propensión a la minoría: no me gusta el fútbol, las misas ni los supermercados; detesto eso que llaman tendencias y no veo televisión (salvo las noticias). Defiendo la Poesía como ciencia del sentir. Estudio el tarot. Amo una música canalla y pasada de moda que se llama rock. Defiendo la Curiosidad como principio motor del conocimiento y jamás pisé una universidad. No he militado en partido alguno y sólo voto en defensa propia. Me llamaban raro antes de serlo. Y aún así, no descarto desertar de estas manías. Abandonarlas todas por otras nuevas.

El caso es que hace unos días comentaba José Antonio Marina la cerrazón del hombre moderno por defender su criterio aún en la evidencia del error. Lo llamó la derrota de la inteligencia. Oyendo a nuestro políticos uno comprende que la Inteligencia (esa prima con estudios del Sentido común) abandonó hace años el Congreso de los Diputados, por no hablar de las distintas sedes de las fuerzas políticas (verdaderos centros de autolavado mental) y ciertos ayuntamientos, por donde jamás se la ha visto. Juan Ramón Jiménez que, con ser más rarito que Espinete, era más listo que el hambre, lo dijo bien claro: Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas.

Pues eso. O como me dijo aquel cura: "Inteligencia aunque sea a hostias..."



(Sonando: Los hermanos Auserón: Las malas lenguas, 2006)

Derivas

© Stanislaw Lem
" Los poetas organizaron inmediatamente varias reuniones de protesta, postulando el cierre y sellado de la máquina, pero, fuera de ellos, nadie se preocupó por los luctuosos incidentes. Bien al contrario, las redacciones de periódicos estaban muy satisfechas, puesto que el Electrobardo, escribiendo bajo miles de seudónimos, siempre tenía listo un poema de dimensión indicada para cada ocasión; su poesía circunstancial tenía tal calidad que los ciudadanos agotaban en unos momentos tirajes enteros: en las calles se veían rostros de expresión embelesada y soñadoras sonrisas, y se oían gentes sollozando calladamente. Todo el mundo conocía los poemas del Electrobardo, el ambiente ciudadano estaba saturado de preciosas rimas, y las naturalezas particularmente sensibles, alcanzadas por una metáfora o una asonancia especialmente lograda, incluso se desmayaban de impresión. El gigante de inspiración estaba preparado para estos trances, produciendo al acto una cantidad correspondiente de sonetos vivificadores. "

Ciberiada: Fábulas para una Era Cibernética

Sólo soy yo cuando estoy sólo.

Miguel Hernández

martes, mayo 10, 2005

Nostalgia del futuro

Esos instantes que ni el filtro del hachís puede maquillar: los relatos de Cortázar, bajo la lámpara protectora; un poema de Masoliver Ródenas, de escatológica pureza. Otro de Javier Rodríguez Marcos, con todo lo contrario. Humo. La casa en silencio. Mis pies desnudos sobre la alfombra. Escucho a Jeff Buckley susurrar Hallelujah, sin acordarme de Cohen. ¿Cosas de la edad?. Más humo. Ver llegar a Chet Baker, My funny Valentine con los ojos nublados. Sobre la mesa, un libro de poemas de Martín Romero que releo sin abrir siquiera. Luego un irse acurrucando dócil en la nostalgia. Jugar con mis manos. Proyectar sombras divertidas sobre la pared aún sin cuadros. Un vaso de leche fría. Bien fría. Seguir con la mente su recorrido, esa lengua de plata que va puliendo mi estómago. Han cesado las sombras en la pared. Pienso en un cuadro que pueda hacer desaparecer todas las sombras. Pero sólo veo los ojos de Paul Celan mirandome con una extrema y sospechosa dulzura. Y entonces llega, súbita, incontrolable, la cuestión: ¿Cómo puedo vivir gracias a ellos?

El humo no es siquiera, a estas horas de la madrugada, una firme invitación al ensueño. Abro la ventana para que escape, si quiere. Como la música, como todos ellos.

Sé que han decidido quedarse conmigo un día más, aunque ahora sólo perciba el arañazo repentino de la claridad tras los cristales, la rabiosa entonación de un gallo, la artrosis gastada del congelador en la cocina. Sé que volverán, en su orden, desordenando mi vida. Ya se verá...

Ahora sólo miro la calle recién regada. Y el mundo parece estar hecho de nuevo.

El tesoro de los Casado

Una mañana, y sin previo aviso, recibí la siguiente joya por correo electrónico:
"Daniel, yo soy X Casado vibo en los estados unidos naci en la republica dominicana desendiente de familia spanola, mi padre me dijo que una senora le dijo que hay una erencia de dinero en spana para la familia Casado, yo quiero saber si es sierto, porfabor escribeme.att. XcasadoX c79@yahoo.com"

Mi contestación, después de apurar la carcajada, fue la siguiente:

"Hola César, créeme que jamás he tenido noticia de que exista tal herencia de dinero destinada a satisfacer las muchas perspectivas de la dinastía de los Casado. Claro que ahora que lo dices, eso explicaría el extraño comportamiento de mi padre...Un abrazo y sigue buscando...Daniel Casado"

Días después, se lo remito a mi hermana por chat, y ésta no para de reirse. Se ríe demasiado, la verdad. No sé, no sé...

lunes, mayo 09, 2005

Patria cuyo nombre no sé

Si de algo puede servir la poesía es para revelarnos -con absoluta fidelidad- la esencia de algunas cuestiones. Se discute estos días, para variar, la unidad del estado español, o mejor dicho, su falta de unidad. Arremeten unos, con consignas militares de rancio lustre y argumentos amenazadores; otros, más astutos, desvisten con nocturnidad y alevosía nuestras ciudades de toda huella del dictador, aunque sea en la piedra yerta y excrementada que "decora" algunos paseos por los que nadie pasea.

Esa marca llamada España se entiende mejor después de leer este poema del mexicano José Emilio Pacheco titulado Alta traición. Os invito a leerlo y opinar. Vaya por delante que firmo de este poema hasta lo silencios.

ALTA TRAICIÓN

No amo mi Patria.
Su fulgor abstracto es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).

Claro que si ha de existir algo parecido a una patria, que sea siempre la mujer. Ahora es la voz rota de Agustín García Calvo:


TÚ, CUYA MANO...

Tu,cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú,que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o alcándara,
pues de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido,
como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres y mi patria.

Tú,que ni te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de la semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú,que tan dulcemente besas
que el cielo boca abajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva,de puro sabrosa y templada,
tu eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes
y todos los padres y patrias
se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.